mneuronico
mneuronico.com rss
  • Nº 002 03 de jun de 2026

    Explorar caminos desdibujados

    En el año 2000, unos investigadores científicos salieron a pasear a un supermercado con muestras gratis de mermeladas. No es que tuvieran algunos frascos de más y quisieran compartirlos por altruismo, sino que tenían un motivo oculto. Resulta que no a todas las personas que pasaban por el supermercado les ofrecían lo mismo. A algunas les daban a elegir entre una selección de 6 mermeladas, y a otras les ofrecían probar uno de 24 sabores distintos. Lo que encontraron se convirtió rápidamente en un resultado clásico de la psicología experimental: si bien una mayor cantidad de frascos llamaba más la atención (más gente se acercaba a mirar), más personas decidieron comprar un frasco cuando las opciones eran solo 6.

    A priori, eso podría parecer anti-intuitivo. Al fin y al cabo, si tengo más mermeladas para elegir, hay más chances de que encuentre alguna que me guste, y entonces debería ser más probable que me quiera comprar una. Sin embargo, los investigadores vieron exactamente lo contrario. Y no fue la única vez. Cuando hicieron lo mismo con una bandeja de chocolates, quienes eligieron entre 30 chocolates reportaron que decidir había sido más difícil y frustrante, y las personas que solo tenían 6 opciones terminaron más satisfechos con el chocolate elegido. Elegir entre menos opciones parecía dejar a la gente más conforme. ¿Cómo puede ser?

    A esto se lo conoce como la paradoja de la decisión: no siempre tener más opciones nos hace más felices, ni nos ayuda a decidir mejor. A veces, tener menos libertad es mejor.

    Libertad es la palabra sobre la que quiero reflexionar hoy. Una manera de definir libertad podría ser la cantidad de opciones sobre las que uno puede elegir. Esa definición ignora un montón de bibliografía filosófica al respecto (perdón) pero pone sobre la mesa algo que intuitivamente tiene sentido. Somos más libres cuando somos capaces de entender y decidir entre más caminos posibles, sin que nadie nos obligue o condicione a tomar alguno por sobre otro. Si podemos elegir entre 2 chocolates, somos menos libres que si podemos elegir entre 100. Si los chocolates no están en una bandeja, sino en una bolsa cerrada, y nos piden que elijamos al azar, los caminos futuros son los mismos, pero nuestra posibilidad de decidir se nulifica. Cuando conocemos más opciones y podemos elegir entre ellas, somos más libres. Por eso la educación nos hace más libres. Por eso ser más pobre, en un mundo capitalista, es ser menos libre. La libertad es tan solo poder elegir.

    Leer la nota →
  • Nº 001 22 de may de 2026

    Nadie se merece nada

    Es un argumento trillado, pero también de los menos intuitivos, así que creo que vale la pena repetirlo una vez más.

    Cuando somos chicos nos cuentan la historia del bien y el mal. Nos enteramos que por un lado están las buenas personas, los bomberos que rescantan gente de edificios en llamas, quienes ayudan a la abuelita a cruzar la calle; y por otro lado están las malas personas, que mienten, se ríen de otros, son violentas y egoístas. Si ese concepto no viene ya programado de fábrica en nuestro cerebro, y si nuestros padres no nos lo inculcan desde que empezamos a decir las primeras palabras, seguro que serán los dibujitos animados, las películas, y hasta los juguetes con los que jugamos. Están los superhéroes y los supervillanos. El mundo es así.

    Después, cuando crecemos un poco, nos damos cuenta de que en la vida real casi nadie encaja perfecto en una de estas dos cajitas. Hay gente que parece hacer cosas malas a veces, y otras tantas veces hacer cosas buenas. Quizás un día alguien se levanta cansado y egoísta y con ganas de concentrarse en sí mismo y en nadie más, pero en general siempre está dispuesto a ayudar a alguien que lo necesita. Puede ser que haya gente que se anima a cruzar la calle con la abuelita, pero no a entrar a un edificio en llamas, no porque no sean buenos, sino porque no son tan valientes. Empezamos a notar que las personas no pueden definirse tan solo como buenas o malas, sino que cada ser humano se define por múltiples dimensiones, y en general nadie está en los extremos de ninguna, sino que encontramos en todas algún punto medio. Más para un lado en una, para otro lado en otra, pero lejos de encajar en tan solo dos etiquetas.

    Lo que sí corroboramos en el proceso es que no somos todos iguales. Hay ahí algunos sliders para mover. Hay gente que corre más rápido y otra que corre más lento. Algunas personas son más inteligentes, unas dibujan muy bien, y sí, estarán las que van a ganar el premio al mejor compañero o compañera de la clase porque siempre están dispuestos a dar una mano. Al crecer aprendemos que la humanidad es muy diversa y, naturalmente, la pregunta que más nos interpela es en qué lugar de cada uno de esos sliders estaremos nosotros.

    Leer la nota →
© 2026 · Nicolás Martorell ↗ mneuronico.com